La noche de San Juan

Justo acaba de entrar el verano oficialmente y no hay mejor modo de celebrarlo que con una noche mágica, la de San Juan. Hasta llegada esta fecha la temporada oficial de verano no se había reconocido en la zona.
Tímidamente muchas terrazas hacen gala de sus mejores mesas a lo largo de la costa de la luz, y el ambiente veraniego comienza a sentirse, sin embargo es a partir de San Juan cuando la temporada estival goza de todo su esplendor en esta costa que prácticamente hasta llegada esta fecha estuvo en aparente calma.


Yo me decidí por ir a celebrar San Juan este año a Zahara de los atunes.
Es este pueblo marinero, un lugar muy especial y nunca había ido por San Juan. Deciros que Zahara a pesar de recibir a una enorme multitud de turismo durante estos meses sigue preservando sus costumbres y el carácter de sus gentes que se mezcla con el de sus visitantes sin perder un ápice de espontaneidad.
Políticamente Zahara es un pueblo que no ha llegado a alcanzar la independencia de Barbate, pero dada la tesitura que vive aquel pueblo su independencia tácita cada vez es mayor, por lo que la unión de sus vecinos es muy de admirar y os cuento esto porque cada fiesta, cada celebración goza de tal salud y al visitante resulta tan especial gracias al esfuerzo de su gente, de gente sencilla y autentica que saben ser hospitalaria.
Se respira en este pueblo la tranquilidad y pasividad de los pequeños  pueblos marineros.

Los pueblerinos preparan con autentica emoción la noche de San Juan, ellos hacen sus muñecos de cartón , Juan y Juana . Previamente pasaron por concurso ya que solo una pareja pasa por la hoguera. La hoguera como antaño la hacen cerca del río Cachón.
En la playa, y puntualmente a las doce de la noche se prende fuego a la hoguera donde son quemados, multitud de personas cercan la hoguera. Momento mágico de la velada después de haber disfrutado un gran día en la playa, una grata cena en cualquiera de los estupendos restaurantes de Zahara, pueden sentir la energía y el magnetismo del fuego en la playa bajo las estrellas y el silencio de la noche.
Aún cuando las llamas chispean muchos decidimos ir hacia la orilla y saltar las olas como manda la tradición de San Juan tras pedir un deseo.





Tal el fuego funde a la pareja de Juan y Juana, los visitantes lo hacen con los pueblerinos, disfrutando de sus comentarios siempre graciosos y de su hospitalidad.
Como anécdota deciros que los lugareños tienen la certeza de que según esté el clima esa noche así hará durante todo el verano, y este año tal vez nos toque sufrir un verano de levante en calma.

Hoy me siento como si hubiese pasado por una catarsis y es que no se puede pedir más a una noche de verano.


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