Una escapada a Sevilla, inolvidable.
Mi
regalo de cumpleaños sería una escapada de fin de semana, yo debía de elegir el
destino, podría ser el que yo quisiera, siempre que fuese posible disfrutarlo en tres días.
No lo
dude, Sevilla.La crudeza de este riguroso frío con el que comenzaba Febrero me
inclinaba por el alma cálida aún en invierno de esta preciosa ciudad, de la que
estoy enamorada. Ella siempre consigue conquistarme, sorprenderme y hacerme
sentir una paz infinita.
El
hotel sería sorpresa hasta el momento del check-in, y tanto que consiguió transportarme
a otro tiempo. A pesar de haber pasado infinidad de veces por el mismo no fue
hasta atravesar el umbral de la reja de la entrada cuando pude dar fe de porqué
era considerado un hotel con encanto.
Como si de Alicia en el país
de las maravillas se tratase fui dejándome llevar por increíbles escenarios,
todos conservaban con precisión la fisonomía de aquella ciudad de antaño,guardando el puro carácter de la misma. Recorrí patios sevillanos,
callejones, pasadizos subterráneos, recovecos, plazas bajo el silencio vagamente
alterado por el sonido del agua de sus fuentes.
La
habitación en la línea de evocar la historia de la judería, aislada de la cotidianidad con
su envoltorio de antaño, su atmósfera imperceptiblemente desentonada con una
bañera hidromasaje.
Totalmente
inspirada por el ambiente del hotel, tras un descanso reparador en tan
confortable lecho al día siguiente, el de mi cumpleaños,me apetecía adentrarme
en el Sevilla más castizo y descubrir establecimientos con esa esencia del
ayer.
Dicen es el restaurante más antiguo de Sevilla, concretamente en sus paredes una placa lo data en el año 1670, sus paredes hablan de la historia,tiempos donde el cante estaba prohibido.
En barra tapeamos su plato estrella , bacalao con espinacas además, solomillo, entrecot de rentinto, el queso que hacen en la casa y todo marinado con vinos de Jerez apropiados.
Siguiendo la misma línea muy cerca Los Claveles, otro clásico que tampoco me decepciono.
El local un escenario del siglo XIX, reflejando la esencia de la ciudad en sus rincones.
Cuenta con una gran oferta de tapas, el frío día instaba a pedir unas migas.
Su montaito estrella muy recomendable, nada que ver con los industriales de las socorridos Cien Montaitos.Este completo no se puede dejar pasar por alto si se tapea en los Claveles.
Está compuesto con secreto ibérico, jamón serrano y huevo de codorniz,cubierto con una crujiente pieza de pan.Tan auténtico como el resto de tapas y chacinas del establecimiento. El Jerez también muy presente.
Después de deleitar mi curiosidad nada como disfrutar del sol y de las inmejorables vistas de la terraza del Hotel EME, frente a la catedral.Adoro el calor del sol en los inhóspitos días de invierno.
Al anochecer tras pasar parte de la tarde en un salón palaciego del hotel relajada con la compañía
del piano,agradable paseo por las callejuelas del barrio Santa Cruz y cena en uno de mis restaurantes preferidos.Restaurante San Marcos.
El día había propiciado acabarlo en un exquisito ambiente, intimo y acogedor.El restaurante es ideal para una velada especial, está ubicado a los pies de la Giralda en pleno barrio Santa Cruz en lo que fue unos antiguos baños árabes.
Me encantan los platos italianos, se aprecia ese toque tradicional de saber hacer ,cuidando ese genio que le sabe dar el toque de hacerlos propios.
Su excelente cocina junto con la atmósfera perfecta del lugar ,te hace sentir en una burbuja, pero a la vez cuidado por un servicio excepcional, ese servicio de manual que tan difícil resulta encontrar.
Como lo es encontrar las palabras para describir a un camarero que a pesar de tener el establecimiento completo te colma de atención y te hace sentir que la tuya es la única mesa que atiende.La sorpresa fue suma cuando acudieron todos los camareros inesperadamente en fila a cantarme por el cumpleaños, aún no sé cómo supieron el dato.Un detalle inolvidable.
Una escapada memorable gracias a una ciudad repleta de tesoros de todo tipo por descubrir.















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